Nuestras Convicciones Bíblicas Fundamentales
Esta Declaración de Fe existe para comunicar claramente las doctrinas y convicciones bíblicas que guían nuestro ministerio, enseñanza y capacitación. Provee una base para la unidad, la responsabilidad y el crecimiento espiritual al ayudar a estudiantes, iglesias y colaboradores del ministerio a comprender lo que creemos y enseñamos conforme a las Escrituras.
Las Escrituras
Las Escrituras del Antiguo y del Nuevo Testamento son inspiradas por Dios y constituyen la única autoridad suficiente, segura y autoritativa para todo conocimiento, fe y obediencia, para guiar al hombre a la salvación por medio de la fe en Jesucristo. (Salmo 19:7–9; Salmo 119:160; Isaías 8:20; Juan 5:39; Juan 17:17; Romanos 10:17; 2 Timoteo 3:15–17; 2 Pedro 1:20–21; 2 Pedro 3:15–16; 1 Pedro 1:23–25).
Dios
Solo hay un Dios, Creador, Conservador y Gobernador de todas las cosas. Él posee en Sí mismo toda perfección y es infinito en cada una de ellas. (Deuteronomio 6:4; Isaías 45:5; Génesis 1:1; Nehemías 9:6; Salmo 103:19; Deuteronomio 32:4; Salmo 145:3; Salmo 147:5; 1 Reyes 8:27).
La Trinidad
Dios se nos revela como Padre, Hijo y Espíritu Santo, cada uno con atributos personales distintos, pero sin división de naturaleza, esencia o ser. (Deuteronomio 6:4; Mateo 3:16–17; Mateo 28:19; Juan 1:1–3; Juan 10:30; Juan 14:16–17; Juan 20:28; Hechos 5:3–4; 1 Corintios 8:6; 2 Corintios 13:14; Efesios 4:4–6; Colosenses 2:9; 1 Pedro 1:2).
Cristo Jesús
Jesucristo, el unigénito Hijo de Dios y Dios Hijo, es el Mediador
divinamente designado entre Dios y los seres humanos. Habiendo
asumido la naturaleza humana, pero sin pecado, cumplió perfectamente
la ley, padeció y murió en la cruz para la salvación de los pecadores. Fue
sepultado, resucitó al tercer día y ascendió al Padre, a cuya diestra vive
eternamente para interceder por Su pueblo.
(Juan 1:1, 14, 18; Filipenses 2:6–8; 1 Timoteo 2:5–6; Gálatas 4:4–5; Hebreos
4:15; 1 Pedro 2:22–24; 1 Corintios 15:3–4; Hechos 1:9–11; Romanos 8:34;
Hebreos 7:24–25).
Espíritu Santo
Creemos que el Espíritu Santo es el Consolador prometido, enviado por el
Padre y el Hijo, y que posee plena personalidad y deidad. Él convence al
mundo de pecado, de justicia y de juicio, y obra el nuevo nacimiento. Al
momento de la conversión, bautiza a los creyentes en el cuerpo de Cristo;
además, los sella, habita en ellos, los llena, guía y enseña.
Creemos que los dones de profecía, lenguas, interpretación de lenguas,
milagros y sanidades sirvieron como señales poderosas durante el período
del Nuevo Testamento para confirmar el mensaje apostólico, pero no son
normativos para la iglesia en la actualidad.
(Juan 14:16–17, 26; Juan 15:26; Juan 16:8–14; Hechos 5:3–4; Romanos 8:14; 1
Corintios 6:19; 1 Corintios 12:13; 1 Corintios 13:8–10; 2 Corintios 12:12; Efesios
1:13–14; Efesios 5:18; Tito 3:5–6; Hebreos 2:3–4).
La Caída del Hombre
Dios creó originalmente al hombre a Su propia imagen, libre de pecado.
Sin embargo, por la tentación de Satanás, el ser humano desobedeció el
mandato de Dios y cayó de su estado original de santidad y justicia. Como
consecuencia, sus descendientes heredan una naturaleza corrupta,
opuesta a Dios y a Su ley, y se encuentran bajo condenación.
(Génesis 1:26–27; Génesis 2:16–17; Génesis 3:1–19; Salmo 51:5; Romanos
3:10–12, 23; Romanos 5:12, 18–19; Efesios 2:1–3).
Salvación
Creemos que el Señor Jesucristo murió y derramó Su sangre para hacer
expiación por los pecados de la humanidad. Sobre la base de Su muerte
sustitutiva y Su resurrección, todos los que se arrepienten y creen reciben
de Dios el don de la vida eterna. Debido a que es concedida enteramente
por gracia, la salvación del creyente es eternamente segura.
Es el propósito de Dios que todos los creyentes manifiesten su salvación
mediante una vida agradable a Él y apartada del pecado. Cada creyente
recibe una santificación posicional y progresiva, y tiene la promesa de una
santificación definitiva en la presencia de Dios.
(Isaías 53:4–6; Marcos 1:14–15; Juan 3:16; Juan 10:27–29; Hechos 20:20–21;
Romanos 3:23–26; Romanos 8:30, 38–39; 1 Corintios 6:11; 1 Corintios 15:3–4;
2 Corintios 3:18; Efesios 2:8–10; Filipenses 1:6; 1 Tesalonicenses 5:23–24;
Tito 2:11–14; Hebreos 10:10, 14; 1 Pedro 1:14–16; 1 Pedro 2:24; 1 Juan 2:1–2; 1
Juan 3:2–3).
Justificación
La justificación es el acto gratuito de Dios por el cual perdona, absuelve
de toda condenación y declara justos a los pecadores que creen en
Jesucristo. No se obtiene por las obras ni por los méritos del pecador,
sino únicamente por la fe. Dios declara justo al creyente sobre la base de
la obediencia perfecta de Cristo y de Su sacrificio en la cruz. (Romanos 3:23–28; Romanos 4:4–5; Romanos 5:1; Romanos 8:1; 2 Corintios
5:21; Gálatas 2:16; Filipenses 3:8–9; Tito 3:5–7).
Nos Mantenemos Firmes
Misión:
Existimos para asociarnos con la iglesia local con el propósito de Mentorear, Movilizar y Multiplicar su ministerio y el potencial del liderazgo.
Visión:
Nuestra visión es que las iglesias locales asuman la responsabilidad principal de la mentoría y la movilización de sus miembros, dando como resultado una iglesia local saludable, capaz de multiplicarse mediante el envío de siervos líderes para lanzar nuevas iglesias.
VALORES MINISTERIALES
1. Modelo dirigido por la Iglesia Local
Creemos en la centralidad de la iglesia dentro de la vida y el ministerio. La iglesia necesita tomar el papel principal en disciplinar y entrenar a su congregación para ministrar y liderar. Como resultado, el ministerio de la iglesia será autosuficiente y reproductivo.
2. Liderazgo de Servicio
Creemos que la iglesia no tiene que seguir la tendencia de “profesionalización” del mundo. Dios usa lo común para hacer lo excepcional. Él ha dado dones a cada creyente, y cuando todos usan sus dones únicos, la iglesia es una fuerza imparable.
3. Ministerio y Liderazgo en Equipo
Cuando Sus siervos trabajan juntos en equipo, ellos logran mucho más. Creemos que Dios a menudo les da a los líderes un conjunto complementario de habilidades de liderazgo. El objetivo es capacitar a todos los líderes en cómo sobresalir con sus dones y afrontar sus debilidades trabajando en equipo.
4. Modelo de Entrenamiento de Discipulado
Creemos que los programas no forman líderes, los líderes lo hacen. Por lo tanto, seguimos el modelo de discipulado para la formación de líderes. Nuestro entrenamiento incorpora los tres componentes del liderazgo, el cual es más útil en una relación de tutoría uno a uno: (a) conocimiento, (b) habilidades y (c) carácter.


